En la primera rueda de prensa que dio Quique Setién, con el equipo hundido en la tabla y en estado de shock por la decisión drástica de destituir al entrenador del “nos vemos en la guagua”,ya advirtió que su estilo era “innegociable”y que“si el club lo había fichado era porque sabían o pensaban que podía desarrollar ese estilo aquí”. Y así fue. Aquel primer partido en el Gran Canaria contra el Villarreal (0-0) ya mostró, con pocos entrenamientos, algunas de las claves que acabarían por integrarse en la espina dorsal del equipo. La primera decisión sorprendente fue la inclusión de Tana, titularísimodesde la llegada del cántabro e intrascendente (con lesiones en el primer tramo del curso, eso sí) en el año del ascenso. Además de la entrega de galones a Roque Mesa y a Vicente y la colocación de Jonathan Viera en la izquierda y no en el centro. Precisamente Roque, en un fallo en la salida de balón, hecho esencial y que se ha ido puliendo perfectamente –siendo él ya faro y referente- durante toda la etapa de Setién, erró en el Bernabéu lo que propició el primer gol del Real Madrid. Allí, en el coliseo blanco, Willian José actuó por primera vez titular por delante de Sergio Araujo, lo cual resultó controvertido, pero empezó a mostrar el camino; el nuevo entrenador no se casaba con nadie.
Tras varias semanas de entrenamientos, con parones de selección incluidos, la UD empezaba a volver a la vida tratando de llevar a cabo la nueva metodología: los dueños del balón, los protagonistas, debían ser los amarillos y en el centro del campo Vicente y Roque empezaban a sincronizar sus relojes biológicos. En la aplicación de la nueva doctrina el objetivo era no rifar la bola, tenerla siempre, dando pases hacia la línea defensiva cuantas veces fuera necesario, y volver a iniciar la jugada, pero no perder la posesión. Y esto en el Estadio, donde cada uno lleva un entrenador en su interior, no siempre se entendía, a veces, un pase de más se convertía en una losa o un quiebro innecesario propiciaba un mal pase y provocaba, a su vez, un contraataque del rival e incluso hubo partidos donde apenas se tiró a puerta, en los que fuimos demasiado horizontales, no respetando la sabiduría popular que dice “si no se tira, no se mete”, pero era parte del aprendizaje, era el peaje necesario porque cada partido era una lección y este año, que rozamos con la yema de los dedos la semifinal de Copa, partidos ha habido por un tubo. Lo cual sirvió para ilusionarnos, para cimentar una idea y para mover la plantilla.
Hubo días donde daba la sensación de que los jugadores estaban demasiado encorsetados al estilo de Setién y las salidas de balón no eran limpias. Especialmente se vio en Copa contra el Valencia y en Vallecas en Liga. Los cardiólogos privados esos días se frotaban las manos mientras se mordían las uñas. Jamás, parecía una orden y no una sugerencia –aunque es lógico pensar que no fuera del todo así- se daba un pelotazo.
Ha sido, por tanto, un trabajo de maceración de una idea, a fuego lento, dejándola asentarse, dándole cariño y matizándola levemente, pero en base a lo aprendido y, además, contando como dijo Setién en rueda de prensa tras ganar en El Madrigal “con una cuota de suertenecesaria para ganar a estos equipos; la jugada de Soldado, por ejemplo, en la primera parte que ha salido fuera por unos centímetros y en otras ocasiones, cuando estás con una mala racha, esos balones acaban entrando”.
Ojalá siga la racha. La idea, el método, con seguridad, permanecerá innegociable.



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