El brasileño William José se convierte en inesperado protagonista al anotar el único tanto del partido en el minuto 92, dando a su equipo tres puntos que saben a gloria. Las Palmas cuajó un excelente primer tiempo, pero acusó el esfuerzo en la segunda mitad.
Saltó al terreno de juego la Unión Deportiva con la certeza de que ante el Betis se jugaba una auténtica final por no alejarse en exceso del resto de equipos que pelean por la permanencia.
Los hombres de Quique Setién se adueñaron del esférico desde el pitido inicial e impusieron un ritmo elevado en las aproximaciones del área bética; combinando con agilidad y verticalidad ante una defensa visitante que no sabía parar las acometidas amarillas.
Especialmente incisiva fue el equipo local por la banda del bético Piccini, que se vio superado en todo momento por Dani Castellano y Jonathan Viera. Precisamente este último sería el que tendría la primera ocasión de los amarillos con un disparo que despejó Adán con apuros.
Minutos después y manteniéndose el mismo guión, sería el argentino Sergio Araujo el que desaprovecharía dos claras ocasiones de gol enviando ligeramente desviado por el palo izquierdo de la meta bética. Pese a mostrarse activo, al chino se le sigue haciendo diminuta la portería.
Menguando la primera mitad el Betis se sacudiría ligeramente el dominio amarillo, pero no generó excesivo peligro a una zaga que hoy presentaba como centrales a Hernán Santana y Javi Garrido -ambos sin desentonar en una posición que no es la suya-. Tan solo el grancanario Rubén Castro puso en apuros a Javi Varas con un cabezazo que el arquero se encargó de desviar.
En la segunda mitad los grancanarios acusarían el esfuerzo realizado. El ritmo en fase ofensiva decayó, las combinaciones perdieron fluidez y los ánimos de los futbolistas dirigidos por Quique Setién se resintieron, llegando a desquiciarse en determinados momentos.
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El Betis, sin embargo, aumentó su presencia considerablemente en las postrimerías del área defendida por los grancanarios, aunque con escaso peligro. Nuevamente Rubén Castro –bastante discutido por el Estadio de Gran Canaria- fue el único bético capaz de inquietar al cuadro amarillo tras conectar una volea que saldría muy desviada de la meta de Varas.




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